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Sexo, religión y poder, por Rosa María Palacios

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15.02.2026

No se conversa en la mesa de sexo, de religión o de política. Esa era la norma de buena educación que nos enseñaban de chicas para evitar confrontaciones innecesarias, dado que, inevitablemente, estos temas admiten una posibilidad ilimitada de puntos de vista que no serán coincidentes y, cuando sube el antagonismo, escala la pasión y el tono de voz. Para evitar pleitos, un discreto pudor sobre estas materias ahorra el drama sobre ellas. Sin embargo, una serie de hechos hace inevitable que hoy sean materia de discusión cotidiana entre los peruanos. A eso nos obligan las circunstancias políticas del país.

La vida sexual del prójimo debe estar protegida por el derecho a la intimidad. Pero, cuando ese prójimo es el presidente de la República, esa vida íntima es mucho más reducida. Sobre todo, cuando la contratación pública viene directamente ligada a pasar la noche en Palacio de Gobierno y no precisamente en calidad de primera dama. José Jerí tuvo la gran oportunidad de manejarse con discreción por 8 meses y, sin hacer nada relevante más allá de existir, entregar el mando a presidente electo. Pero no pudo. La pequeña tarea resultó gigantesca. Lo más probable es que este martes acabe su mandato y regrese al Congreso. ¿Qué le pasó? ¿Por qué un hombre al que el azar le regala el más alto honor que puede tener un peruano lo desperdicia así? En las más de dos décadas en que cubro política lo he visto una y otra vez: el poder idiotiza. La falsa percepción de omnipotencia engaña al ego. Llegas a creer que estás ahí, parado sobre el mundo, por tus méritos. Lo demás, corrupción ya sea de la carne o del espíritu, llega solo.........

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