¿Por quién vas a votar?, por Rosa María Palacios
En tiempos confusos y binarios, como los de una segunda vuelta electoral, responder sobre tu intención de voto es un ejercicio peligroso. La impertinencia de la pregunta tiene una carga. Algunos buscan validación (“¿serás como yo?”); otros, controversia (“¿por qué no eres como yo?”); están los de la descalificación y el estigma (en sus variantes “siempre supe que eras un imbécil” o “no puedo creer que seas tan imbécil”); están los menos, que van en busca de consuelo (“¿soy el único que ve esto?”), y, finalmente, los pocos auténticamente entusiastas, que van por la exhibición de su orgullo (“no me importa nada, feliz de votar por”).
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Para evitarle este zarandeo emocional al elector, desde hace mucho tiempo, el voto es personal, igual, libre, secreto y obligatorio. Eso es exactamente lo que dice la Constitución. No le quito ni le agrego nada. Es personal, porque nadie puede sustituir tu voluntad al momento de votar. No es un acto que puedas delegar en otro ni puedes tener un representante. Tienes que hacerlo solo. Sin ayuda. Es igual, porque tu voto y el mío valen exactamente lo mismo y esa es la belleza de la democracia en el Perú. En un país repleto de desigualdades, el voto del analfabeto vale exactamente igual que el voto del académico (para ira de algunos). No importa quién eres ni cuáles son tus circunstancias; importa lo que dice ese voto para su conteo. Es libre y obligatorio, a la vez, lo que parece ser contradictorio, pero no lo es. Eres libre y tienes que serlo porque una voluntad coaccionada es una voluntad viciada. El contenido de tu voto responde a una conciencia autónoma. Pero, si bien ejerces el voto en libertad, estás obligado a ir a votar. No cumplir con la obligación........
