¡Despierta!
El camino es hacia adentro, hacia lo que es real. Así lo entendió. Durante más de veinte años se sentó a escuchar las fracturas existenciales de los demás. Prestó sus manos para recibir el peso muerto de las crisis ajenas, que resultaban ser las de todos, las de ella. Por sus ojos pasaron miles de relatos marcados por el mismo patrón de desolación.
Divorcios que dejan esperanzas muertas. Duelos que acompañan una eternidad. Pérdidas de trabajo que eliminan la identidad de quien se queda sin el encierro en la oficina que le daba libertad. Cada historia era un llamado desesperado de auxilio a otros, dirigido al exterior, buscando........
