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Marc Bloch, historiador antifascista, entra al Panteón francés, por José Ragas

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En la noche del 16 de junio de 1944, un grupo de 30 prisioneros fue subido a rastras a una camioneta con rumbo desconocido. Mientras los empujaban, sus captores habían insistido en que ninguno llevara sus pertenencias. Los prisioneros formaban un grupo casi homogéneo de hombres de entre 20 y 30 años, con la excepción de uno. Este era más bien mayor y la sangre que cicatrizaba en su rostro dejaba entrever un bigote y un semblante tranquilo, resignado a lo que ocurriría apenas unos momentos después.

La ejecución por fusilamiento, tanto de él como de sus compañeros, tuvo lugar luego de tres meses de un extenuante encarcelamiento y repetidas torturas. Todos ellos pertenecían a la resistencia y habían logrado sabotear la presencia del ejército alemán que ocupaba territorio francés desde su invasión en 1940. Sin embargo, en junio de 1944, los alemanes podían percibir que la guerra estaba tomando un giro inesperado: su aventura soviética había fracasado y el contingente aliado había desembarcado a inicios de mes en Normandía, con un avance imparable que solo terminaría con el suicidio del Führer y la rendición incondicional del Reich.

Para Marc Bloch, su ejecución puso fin a un trayecto de patriotismo que había comenzado 30 años antes, cuando se enlistó en el ejército para defender a su país de las fuerzas del káiser alemán en la Primera Guerra Mundial. Proveniente de una familia judía, Bloch........

© La República