Una jornada en Baiona
Las mañanas en Baiona, mejor aún, los amaneceres, empiezan con toda la gama de rosados, azules y violetas en el cielo por encima de la sierra del Galiñeiro, la herradura pétrea que cierra el Val Miñor por el levante. A esa hora, un banco de pequeñas embarcaciones de Moaña, Redondela, Cangas y por supuesto de Baiona, se afanan ya, en el centro de la bahía, extrayendo con los raños la cornicha, un bivalvo, entre berberecho y almeja que, junto al erizo y el percebe, dan la vida estos últimos años a la Cofradía de Pescadores la Anunciada. Por la punta de la Doca, que es el gran espigón que da abrigo al puerto y ahora luce la intervención artística de Lula Goce, entra alguna de las pocas embarcaciones de la robaliza o el pulpo que aún se dedican a la actividad. En tiempos pasados y en el silencio de entonces, a estas horas se oía ya el golpeo al que las mujeres del mar sometían a los pulpos, para ablandarlos, en el enlosado de la rampa del muelle.
Para aprovechar el día es preciso ponerse en marcha. Me gusta caminar por la carretera hacia la costa de Baredo, fuera ya de la ría, y........
