Democracia togada
Es de dominio público que un árbitro tarjetero es aquel que con su sobreactuación condiciona de tal modo el juego, que él mismo acaba convertido en el protagonista de la contienda. Un protagonista indeseado, pues la naturaleza del juego reside en los jugadores y, si me apuran, en la pelota y su azaroso comportamiento. Se ha dicho, con razón, que el mejor arbitraje es aquel que pasa desapercibido. Con la justicia penal en España se extiende la opinión de que actúa con un exceso de protagonismo que sustrae al debate político, a las explicaciones en sede parlamentaria y, si me apuran, a la jurisdicción contenciosa administrativa no pocas de sus actuales intervenciones y decisiones.
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