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Tiendas de ayer

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14.05.2026

De mayores, el itinerario sentimental lo trazamos entre bares. De niños, sobre todo, entre los pequeños comercios que nos vieron crecer. Estaba la tienda de ultramarinos, la mercería, y la carnicería donde, en la espera, la señora me obsequiaba con unas finísimas lonchas del mejor jamón. Estaba la tienda de lámparas, donde comprábamos bombillas y cualquier artilugio que pudiera enchufarse a la corriente. La deliciosa pastelería de los alemanes, la floristería que, con sus flores cruzadas en la acera, perfumaba la calle y la llenaba de alegrías, y la droguería, un oasis de modernismo ochentero. La farmacia del siglo XIX, las frutas y verduras sin la obsesión estética de hoy, lencería y pijamas tras la esquina de la plaza, zapaterías como bazares desordenados con aroma a cuero y pegamento industrial, y la librería de las mil novedades, en los tiempos en que leer en papel no era un gesto de rebeldía. Guardo en la memoria los lugares, los rincones, los dueños y dependientes, y hasta el olor de cada una de las pequeñas........

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