Los cubiletes del jardín japonés
Hay sociedades respetables de individuos despreciables. También sociedades despreciables de individuos respetables. En las primeras, están interiorizados los conceptos de conservación del patrimonio, de preservar la memoria, y nadie puede talar un árbol histórico, destruir un jardín, reformar una casa antigua con materiales contemporáneos o, sencillamente, echarla abajo. Eso está muy bien, aunque sus habitantes sean unos imbéciles. En el segundo grupo, gente más o menos simpática destroza lo de todos, tolera y fomenta el ruido y el abuso, permite que la ruina sea catástrofe y va desmontando cada trozo de pasado para que el paisaje de superficie no lo reconozca nadie.
En el cadáver del jardín japonés, que nunca fue jardín y tampoco japonés, sobrevive, junto a ese olivo contento un pequeño cubilete de piedra de Porriño en los que se sentaba antes la chavalería"
La nuestra, la sociedad de Auria, es el segundo modelo. El lugar de gañanes medio-simpáticos-medio-antipáticos que han........
