El voto que no es solo un voto
El 12 de abril de 2026, los peruanos no solo elegirán presidente. Elegirán, por primera vez en treinta y dos años, la arquitectura del poder. Y esa distinción importa más de lo que la mayoría de ciudadanos —y candidatos— parecen entender.
Montesquieu no era un filósofo del optimismo. Era un anatomista del poder, y lo que describió en El espíritu de las leyes no fue una utopía sino una advertencia: cuando los poderes del Estado se concentran en un mismo titular, la libertad desaparece. No se deteriora, no se negocia. Desaparece. Perú tiene la costumbre de ignorar esa advertencia.
La Constitución de 1993, consagró un Congreso unicameral que, en teoría, concentraba la representación pero que, en la práctica, careció siempre del contrapeso interno necesario para producir legislación de calidad. Treinta años después, el diagnóstico sigue siendo el mismo: leyes aprobadas en pocas horas, sin debate técnico, sin segunda lectura, sin instancia que obligue a revisar lo que se aprueba con prisa o con agenda. El resultado está a la vista: más de........
