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¿Qué quedará después del Mundial?

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25.04.2026

En cada país que recibe un megaevento —como el Mundial— se cuenta una historia parecida.

La promesa de inversión, modernización, prestigio, turismo, infraestructura y una especie de salto social hacia adelante. Sin embargo, la experiencia muestra algo más sobrio: los megaeventos no transforman por sí mismos a un país. En muchas ocasiones aceleran lo que ya estaba planeado; en otras, magnifican carencias, sobrecostos y prioridades mal ordenadas. La propia OCDE, en su documento sobre indicadores de impacto para eventos culturales, deportivos y empresariales, ha insistido en que sus consecuencias deben medirse en términos económicos, sociales y ambientales, no sólo como narrativa de entusiasmo o derrama de corto plazo para un país.

Los tres mundiales más recientes son útiles para entenderlo. En Qatar 2022 hubo un legado más claramente ligado a infraestructura y servicios: el FMI estimó que el torneo aportó en el corto plazo hasta 1% del PIB, además de una mejor infraestructura general. Rusia 2018 dejó sobre todo una huella de operación, accesibilidad, organización y estándares de gestión. Por su parte, en Brasil 2014, quedó la advertencia: Reuters documentó que sólo 6 de 35 proyectos de transporte público prometidos estaban terminados cuando arrancó el torneo. Los mundiales no son buenos o........

© La Razón