El capo que murió por amor
Allá por el 121 d.c. el historiador romano Suetonio explicó en su libro Los doce césares, lo definitivas que habían sido las pasiones en el devenir de Roma; también que las grandes decisiones no se tomaban en campos de batalla ni en despachos sino en las distancias cortas, y que es en el regazo donde el guerrero reposa su cansancio, amparado en el amor y la confianza, donde se gesta el futuro. Hay innumerables ejemplos históricos que constatan las infinitas veces que el amor coloca al poderoso ante el jardín de los senderos que se bifurcan y le empuja a que elija aquel donde el corazón le lleve. Poderosos o no, no hay nada que nos haga tan felices y nos vuelva tan vulnerables como ese amor que buscamos desde que nacemos hasta que morimos. Aquel a quien amamos puede sacar lo mejor de nosotros, pero también anularnos si nos ama mal o traicionarnos si su amor no es verdadero o le vence la ambición. Desconocemos a qué se debió la traición de la amante del narco mexicano apodado el Mencho; pero sí que murió por amor. Fue ella quien condujo al ejército hasta su detención y ejecución. No le atraparon negociando en su penumbrosa oficina ni en medio de una importante operación de narcotráfico; cayó en una cita sentimental, tras la delación de la mujer a la que amaba. Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, era un hombre todopoderoso, amparado por las cautelas y el sigilo. Bajo su égida, se estructuró una organización armada capaz de enfrentar a las fuerzas federales y sembrar violencia en buena parte del país. Su paradero era un enigma protegido por redes de lealtad, por la propia corrupción y por su imponente aparato de seguridad. No había fisuras...O eso creía. Siempre las hay en el amor; y el capo, como todos los seres humanos, quería amar. Se reunió con una de sus amantes en una discreta casa en Tapalpa, Jalisco y ella informó de su cita a la Guardia Nacional y al Ejército… Allí, en la cama compartida, le acribillaron. Su imperio cayó…, por amor. Como tantos otros. De amor no se muere, pero por amor se puede morir hasta siendo capo.
