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La habilidad de Pedro Sánchez

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10.04.2026

Con la coincidencia de los juicios sobre exdirigentes del PSOE y del PP, Pedro Sánchez ha conseguido que la opinión pública confunda las corrupciones y deduzca que todos son iguales. La habilidad de Pedro Sánchez, al lanzar a sus alfiles mediáticos en los periódicos impresos, hablados, audiovisuales y digitales, ha demostrado, una vez más, que golpea antes que Alberto Núñez Feijóo y que no está dispuesto a trasvasarse desde la silla curul del palacio de la Moncloa al banquillo de los acusados que la Justicia le tiene preparado.

No voy a entrar en el esfuerzo tenaz que Pedro Sánchez está dedicando a la transformación del censo. Ha encontrado la vía para burlar a las encuestas serias que anuncian la catástrofe del sanchismo. A diferencia de ciertas jugarretas electrónicas y de correos, la política de nacionalizaciones es plenamente legal y constitucional. Una vez los inmigrantes o los hijos y nietos de republicanos en el exilio reciben la nacionalidad española, su derecho al voto queda plenamente garantizado, conforme al texto de nuestra Constitución.

Difícil puntualizar la cifra de nacionalidades concedidas y que se concederán a inmigrantes y a hijos y nietos de los republicanos que en 1939 se exiliaron. Los expertos en inmigración y en la «ley de nietos» afirman que no bajarán de los dos millones. ¿Se alterará así el resultado electoral? La respuesta afirmativa es habitual entre los expertos en elecciones generales.

Y por cierto: no es lo mismo la reyerta interna de un partido hace ya una docena de años y el juicio a la mafia que desde el Gobierno sanchista y sus aledaños ha orquestado el sistemático robo de dinero público a través de mordidas, comisiones y otras fórmulas enmascaradas. Pedro Sánchez está acelerado. No solo pelea por la permanencia en el poder. También por salvar su situación personal porque algunos no descartan el juicio y la cárcel. Los agentes mediáticos de Pedro Sánchez se esfuerzan por enrarecer y confundir la verdad. ¿Lo conseguirán? «La ventaja de la democracia –escribió Ramiro de Maeztu en La crisis del humanismo– es que no hay en ella una casta interesada en sofocar el pensamiento para que no se la discuta».


© La Razón