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Por Luis De Stefano Beltrán, PhD (*) y Ernesto Bustamante, PhD (**) / Libertad de expresión y de ofender

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24.01.2026

La libertad de expresión es un principio fundamental de las democracias modernas; y es un punto de debate álgido si incluye la libertad de ofender. Quienes opinan a favor se basan en la premisa de que, en una verdadera democracia, la liberal, el intercambio de ideas solo es efectivo si no está limitado por la sensibilidad individual o de grupo. Si la libertad de expresión se limitara solo a lo que es agradable o inofensivo, no necesitaría protección legal alguna. Para que sea genuina deberá proteger también aquellas ideas que hieran sensibilidades, desafien el statu quo o sean impopulares.

Pocos recuerdan que fue Suecia el primer país en instituir la libertad de expresión en 1766 vía una ordenanza sobre la libertad de prensa. Esta abolió toda censura previa en las publicaciones impresas excepto en temas teológicos y académicos exitosos. Posteriormente, Francia siguió el mismo camino con su Declaración de los derechos del hombre de 1789 y dos años más tarde los EE.UU. con la primera enmienda de su Constitución. Curiosamente, la declaración francesa establece que la libertad de expresión es un derecho del ciudadano sujeto a las leyes que el Estado creará, mientras que la primera enmienda estadounidense asume que ese derecho antecede al Estado y prohíbe explícitamente que el Estado interfiera con este derecho. En ese sentido, el modelo estadounidense es mucho más sólido pues protege incluso el discurso que se considera ilógico, ofensivo o impopular, bajo la premisa de que es el........

© La Razón