El mono en la montaña: El frío pragmatismo chino entre Moscú y Washington
Hay una semiótica del poder que me gusta para explicar la encrucijada actual de Rusia: la del mono sabio chino que, desde la montaña, observa la pelea en el valle entre dos tigres. En este caso, Estados Unidos como líder de Occidente y Rusia como la potencia que, a mi criterio, posee el activo más valioso entre las superpotencias actuales: la información y el espionaje.
Lejos de lo que la historiografía y la propaganda moderna suelen vender —y para vender hay que exagerar beneficios o potencialidades—, el servicio secreto ruso es, por mucho, más eficaz y poderoso que la CIA, el Mossad y el servicio secreto chino (el más débil de los tres).
Mi tesis ilustra el realismo frío chino: Rusia es un instrumento útil pero distante; Estados Unidos fue el socio comercial indispensable durante más de medio siglo, hasta que Pekín decidió que la interdependencia se había vuelto una vulnerabilidad estratégica. La ruptura no fue impuesta solo por Washington, sino elegida por China en función de su «rejuvenecimiento nacional» para 2049. Esta dinámica sigue moldeando el tablero euroasiático en marzo de 2026.
Para quienes me siguen en estas entregas en La Razón de Bolivia , intento dibujar en términos prácticos a Rusia como un «jugador visto a distancia» por China, frente a la relación comercial ininterrumpida que Pekín mantuvo con Estados Unidos entre 1972 y 2025.
La afirmación captura una dinámica estructural de la geopolítica china contemporánea: Pekín percibe a Rusia como un socio transaccional y secundario —un «jugador visto a distancia»— útil para equilibrar a Occidente, pero nunca como una prioridad estratégica central. En cambio, China mantuvo durante casi cincuenta y cinco años (1972-2025) una relación comercial ininterrumpida y profundamente interdependiente con Estados Unidos, sellada por Mao Zedong y Richard Nixon. Esa relación solo se rompió por decisión china de priorizar la autosuficiencia tecnológica y la confrontación sistémica, a pesar de los repetidos intentos de Donald Trump (en sus dos mandatos) de restablecerla mediante acuerdos pragmáticos. Esta tesis no es mera retórica; se sustenta en datos de comercio, análisis de think tanks de primer nivel y la propia doctrina estratégica china.
Rusia: el socio «visto a distancia» —transaccional, no emocional ni igualitario
China no confía plenamente en Rusia ni la ve como un igual. La percibe como un «patio trasero estable» (stable strategic rear) que proporciona recursos baratos, distracción militar para Estados Unidos y un contrapeso retórico al orden liberal, pero sin un costo estratégico excesivo para Pekín. Como señala el Council on Foreign Relations (CFR) en su informe No Limits? The China-Russia Relationship and U.S. Foreign Policy (2024), los líderes chinos ven la relación como una «oportunidad transaccional, no una conexión emocional». Zhao Huasheng, uno de los principales expertos chinos en Rusia, lo resume así: Rusia ofrece a China un «trasero estratégico relativamente estable […] invisible en tiempos de paz, pero relevante en crisis».
* Dependencia económica asimétrica: En 2025, el comercio bilateral China-Rusia alcanzó unos 228 000 millones de dólares (datos oficiales chinos y rusos). China compra petróleo y........
