El diálogo en Venezuela asesorado por el Departamento de Estado
Escribo este artículo llegando a Washington para participar en varias reuniones privadas y un encuentro público con el honorable secretario general de la OEA, Albert R. Ramdin, quien por cierto está teniendo una posición bastante digna frente a ese zángano de la política latinoamericana que es Daniel Ortega, quien ha decidido clausurar la democracia en Nicaragua al eliminar las elecciones en ese país.
Mientras, en Venezuela —el país donde nací y morí, porque como el gato que tiene siete vidas, yo he resucitado del peor sitio creado por dictadura latinoamericana alguna: la cárcel de Rodeo I, de la cual he hablado en un artículo el domingo para El Nacional de Caracas—, se ha iniciado un intento de negociación que ha nacido como ese personaje de Patrick Süskind en El perfume, es decir, hediondo a todas las pestes con las cuales se puede venir al mundo.
Al momento, de los partidos más importantes del país ninguno está; sobre todo el partido que, como reconoce la propia María Corina Machado e incluso varios voceros del Departamento de Estado que sí conocen a Venezuela, aportó más del 75 % de los testigos electorales que obtuvieron las actas con las que se pudo demostrar que el presidente Nicolás Maduro había perdido la elección el 28 de julio: es decir, Acción Democrática.
Lo que está mal —cosa que........
