El Jueves eucarístico de la Última Cena
Hoy es el primero de los tres jueves que se cantaban: “Tres Jueves hay en el año que relumbran más que el Sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”. A su vez es la fecha en que termina la Cuaresma, tiempo que se extiende durante 40 días que comienzan el “Miércoles de Ceniza”, que este año fue el pasado 18 de febrero. El Jueves Santo conmemora la institución por parte de Jesucristo del Sacramento de la Eucaristía en la “Última Cena”, celebrada en Jerusalén junto a los 12 apóstoles. La Eucaristía es el Sacramento considerado por la Iglesia como “la fuente y cumbre de toda la vida cristiana”, como la define la Constitución dogmática sobre la Iglesia “Lumen gentium”( Luz de los gentiles), aprobada por el Concilio Ecuménico Vaticano II.
Con la Consagración de las especies del pan y el vino durante la Santa Misa, realizada por un ministro del Orden sacerdotal, se convierten, manteniendo su apariencia física natural, en el “Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad” de Jesucristo. Lo que constituye el “Mysterium Fidei” -el Misterio central de la Fe cristiana- Misterio que recibe el nombre de “Transubstanciación”. Que tiene su fundamento en la transformación del pan y el vino -manteniendo sus apariencias físicas, de color, sabor, olor,…- en otras sustancias que son las señaladas de la naturaleza humana y la naturaleza divina de la Persona de Jesucristo. Este gran Misterio tiene su base en las palabras que el Señor pronunció en el Cenáculo durante la Última Cena, dirigiéndose a sus discípulos al partir el pan: “Tomad y comed que esto es mi Cuerpo...” y “Tomad y bebed, porque ésta es mi Sangre…” al distribuirles el pan y el vino. Como recordamos, la Transubstanciación requiere de la Consagración durante la celebración de la Misa por medio de un sacerdote, lo que significa que la Eucaristía está estrechamente ligada al Sacramento del Orden Sacerdotal. “Sin sacerdote no hay Eucaristía”. Por ello, Jesucristo instituyó ambos Sacramentos en la Cena del Jueves Santo. Junto al Eucarístico, el del Sacerdocio, al decirles a sus discípulos: “haced esto -la bendición del pan y del vino y su distribución- en conmemoración Mía”. Algunas posiciones religiosas pretenden ver en la Eucaristía un mero signo o un símbolo de la Última Cena del Señor, justo antes de dar comienzo a su Pasión, que culminará el Viernes Santo con su muerte en la Cruz. Son estas posiciones claramente heréticas por cuanto la Eucaristía no es ni un símbolo ni un recuerdo de lo sucedido aquella noche en el Cenáculo, sino el auténtico Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo presentes en Ella bajo esas apariencias.
