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Sed de populismo

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10.05.2026

Si América Latina hizo alguna contribución original a las ciencias sociales, no fue haber inventado el populismo, sino haberlo convertido en vocación de poder y fe casi sacerdotal en la promesa de repartir desde el Estado lo que la sociedad no logra producir. Durante mucho tiempo se creyó que esa religión política descendía desde las alturas y que su credo era inoculado por caudillos y camarillas de iluminados que administraban al pueblo virginal su dosis de redención.

El caso colombiano, sin embargo, añade una mutación más sombría a ese repertorio. El populismo ya no cae del cielo como prédica de profetas de ocasión, sino como una fiebre popular que asciende desde abajo, desde una multitud ávida que convierte todo límite en traición y toda crítica en conjura del enemigo interno. Así, el escándalo deja de desgastar; convoca. Al caudillo ya no se le exige mesura, verdad ni rectificación, sino furor, la encarnación obstinada de la promesa y del agravio acumulado de los suyos.

Ese es el resorte profundo que explica las posibilidades de triunfo en primera vuelta del candidato de izquierda radical Iván Cepeda en las elecciones colombianas del 31 de mayo o, de no lograrlo, su muy probable victoria en el balotaje del 21 de junio. Ese desenlace operaría, además, como el........

© La Razón