Un viaje por los misterios griegos
Merece la pena estar vivo solo por visitar la antigua Mesenia. A casi 240 kilómetros de Atenas, lejos de los flujos de turistas que invaden estos días la Acrópolis o las ruinas de Olimpia, el paraíso surge entre bosques de olivos como un bálsamo para los viajeros de verdad. El martes llegué a sus puertas en compañía del historiador y novelista José Luis Corral. Estábamos al frente de cuarenta lectores que ni sospechaban lo que iban a descubrir.
Tiempo atrás, con Fernando Sánchez Dragó, había recorrido en circunstancias parecidas lo que queda de la antigua Eleusis. Algo profundo y perturbador hermana ambos lugares: los griegos lo llamaban «los misterios». Mesenia (o Andania) y Eleusis fueron el destino para miles de peregrinos que deseaban iniciarse en las doctrinas que impartían las sacerdotisas de Deméter y Perséfone. Durante siglos, en sus templos se impartió una doctrina que daba sentido al implacable ciclo de la vida y de la muerte. Si no acudías a ellos, jamás comprenderías el sentido último de la existencia.
El mito que sustentaba su creencia fue muy popular en la época: Perséfone, la joven hija de Deméter, había sido raptada por Hades, dios del inframundo, y su madre, desesperada, acudió a Zeus para que la liberara. Cuando el dios olímpico ordenó al secuestrador su devolución, Hades la engañó invitándola a comer de los frutos del........
