Elogio del gato y del amor de Jéssica
Cuando la hija de Nerón, la pequeña Augusta, falleció trágicamente, el senado la declaró diosa y el desequilibrado emperador la emprendió con Petronio. Los enemigos del árbitro de la elegancia se frotaron las manos, en la constante rivalidad por el favor augusteo, en particular Tigelino, que acabaría venciéndolo tiempo después y provocando su suicidio. En aquel aprieto, sin embargo, Petronio se jugó el todo por el todo, avanzó hacia el emperador, tomó un pañuelo de seda y tapó con él la boca de Nerón vociferante. «Conserva tu voz -lo aduló- hemos sufrido una pérdida atroz, sólo nos quedan tus cantos y poemas». El monstruo devolvió su amistad a Petronio,........
