Por qué Feijóo y Abascal no se entienden
La dificultad estructural en la relación entre Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal no es personal ni táctica, sino de modelo político. El líder del PP necesita construir una mayoría y ejercer lo que está en la naturaleza de su partido, gestionar; y el de Vox necesita preservar su identidad para torpedear el voto útil hacia el PP. Feijóo aspira a gobernar y para ello necesita ampliar su base electoral –lo que hasta este ciclo de urnas siempre se ha dicho que tenía que producirse desde el centro–, generar confianza económica y proyectar estabilidad institucional. Su problema es aritmético. Sin Vox no suma. Y con Vox demasiado visible puede perder votante moderado, pero hete aquí que lo que le están diciendo sus gurús demoscópicos es que por donde hoy tiene más riesgo de que se le vayan las «papeletas» es por la derecha.
Abascal lo tiene fácil. Sólo compite por la coherencia ante su electorado y, en ese espacio, el «no» permanente es una posición cómoda. No gestionar le evita contradicciones y desgaste y no ceder le permite reforzar su perfil de partido «sin complejos». Además, Vox no necesita demostrar capacidad de gestión para sobrevivir electoralmente, sino que creen que les basta con exhibir firmeza porque su votante penaliza más la concesión que el bloqueo. Esto altera por completo la lógica negociadora porque es inviable que haya un acuerdo cuando una de las dos partes no lo quiere. Por más que Feijóo busque consenso, Abascal está solo interesado en maximizar la diferenciación.
Hay otro elemento decisivo: el calendario. Vox piensa en las elecciones generales, mientras que el PP necesita estabilidad en autonomías y municipios porque es un partido de gobierno. Para Abascal, tensionar ahora puede fortalecer su posición futura, y la tensión constante cree que proyecta debilidad de liderazgo por parte de Feijóo.
Por eso no hay diálogo honesto posible por más que cacareen quienes se creen los dueños del dogma de la derecha. Feijóo y Abascal podrían entenderse en lo básico si no fuera porque sus incentivos no coinciden, así de simple.
Esta es ya la primera semana de la campaña de Castilla y León y aunque el presidente y candidato popular, Alfonso Fernández Mañueco, haya convertido en lema la idea de que «menos ruido y más nueces», será el ruido el que se imponga, aunque está por ver si es lo que decide finalmente el resultado del día 15.
