Brechas progres
Se extiende el uso de la palabra «brecha» por parte de los socialistas de todos los partidos para indicar desigualdades que reclaman Estados aún más grandes, intrusivos y onerosos. No prestan atención, sin embargo, a las brechas que les atañen, como la que separa a trabajadores y pensionistas, y la que divide a los contribuyentes de los partidos asociados a la bajada del nivel de vida y a la subida de la presión fiscal.
Desde hace un tiempo la opinión publicada manifiesta una visible preocupación por la juventud, porque no obedece a las consignas del progresismo. Más aún, se rebela ante ellas y declara que el Estado gasta demasiado en pensiones. Como si esto no fuera suficiente insolencia, los jóvenes también cuestionan el gasto en cultura, en medio ambiente, en desempleo y en cooperación al desarrollo. Y la máxima desfachatez: ahora votan cada vez más a la derecha.
Como es obvio, el progresismo jamás va a reconocer que esto deriva directamente de las políticas de la izquierda, igual que el encarecimiento de la vivienda. En vez de ello, saca a pasear viejos fantasmas, como que la malvada derecha quiere quebrar las pensiones públicas para privatizarlas a traición, y repite que no es el progresismo el que está vacío y quebrado, sino que la democracia está en peligro.
En cuanto a la brecha fiscal, la izquierda recurre al débil argumento de que el PP también subió los impuestos, alegando incluso que entonces nadie se quejó, lo que es un bulo gigantesco; y otro bulo aún más grosero, a saber, que aquí el problema son los ricos.
Resume todo el dislate Oxfam, que vuelve con el humo de la maldad de los ricos y su poder sobre los medios y contra la democracia. Como si los Estados fueran pequeños, pide que aumenten su tamaño para frenar a los medios privados –como si la plantilla de RTVE no fuera superior a la de todas las televisiones privadas juntas.
El desconcierto antiliberal desemboca en errores y distorsiones estadísticas y en la búsqueda afanosa de brechas de cualquier tipo. Leí en El País, en páginas de información: «Si el valor conjunto de las casas de uso residencial cupiera en solo una tarta, las porciones y su reparto se encontrarían muy lejos de una división equitativa». Ni Jerome K. Jerome lo habría puesto mejor.
