Unos ecologistas de pacotilla
En nuestra tertulia, que actúa como terapia de grupo, contamos con un arandino de pro, Julio, veterano de la industria del uranio, y por él surge en la conversación el caso del tren cerrado entre Aranda de Duero y Madrid. El hecho es que el 6 de marzo de 2011 se derrumbó el túnel ferroviario de Somosierra, de más de tres kilómetros de longitud, a unos doscientos metros de la boca norte, enterrando una máquina bateadora que realizaba labores de mantenimiento en la línea. Desde entonces, y han transcurrido 15 años, no hay conexión directa por tren entre Madrid y Burgos, con Aranda, por supuesto, pillada en medio. No se han quedado quietos los paisanos de Julio, que llevan una década de movilizaciones ciudadanas en demanda de la reapertura de la línea, pero que si quieres arroz Catalina. Mientras, los de Adif van por el séptimo u octavo plan de viabilidad, el túnel se va deteriorando, se ha tenido que comprar la dichosa bateadora, que era de alquiler, y unas de las comarcas, la de la Ribera del Duero, con más pujanza industrial de Castilla y León -sólo en Aranda operan diez grandes industrias, con Pascual y Michelín a la cabeza- ven como la falta de unas buenas comunicaciones lastra sus posibilidades de progreso. Porque si a la burocracia de Europa y las trabas medioambientales en la importación de insumos, que llevan, por ejemplo, a la industria del metal arandina, de mucha importancia, a sufrir una tensión de costes insoportables, se le suma la falta de la conexión ferroviaria directa entre el norte de España y su capital, pues no es cuestión de extrañarse si, en el corto tiempo, empezamos a añadir nuevos nombres a esa “España vaciada”, a la que se niega el disfrute de veinte años de avances tecnológicos en materia de ferrocarriles, por citar el caso. Las malas lenguas dicen que al ministro Puente el asunto se la trae al pairo porque es de Valladolid, provincia que compite con el enoturismo de Burgos, pero la realidad es más prosaica. Nos gobiernan unos tipos generalmente torpes, a los que sólo les interesa lo que ahora llamamos el “relato”, pero que es la propaganda de toda la vida. Unos políticos que se llenan la boca con la defensa del medioambiente, la lucha contra el calentamiento global y los objetivos de la agenda 2030, la que iba a electrificar la Unión Europea, pero que a la primera de cambio se ponen a subvencionar las gasolinas para que los ciudadanos no se disgusten. Puros populistas que consienten el deterioro de las infraestructuras, mientras gastan a manos llenas en chorradas ideológicas el dinero de los impuestos. Son los mismos que, dicho sea de paso, tienen entre ceja y ceja a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que acaba de poner en marcha la tuneladora que excavará un túnel de más de seis kilómetros en la línea 11, la que unirá diagonalmente los dos extremos de la capital, Valdebebas y Cuatro Vientos, en un tiempo de récord, porque va a una velocidad de 500 metros de perforación y encofrado al mes; y que se echan las manos a la cabeza, gritando ¡traición, traición! porque en un amigable encuentro entre Felipe González y Juanma Moreno, al primero se le ocurrió decir lo que todo el mundo sabe, que afirmar que el ferrocarril en España está en su mejor momento es una estupidez. ¿Y los de Aranda?, pues que se esperen. Que son pocos y no votan nacionalista.
