¡Viajeros al tren!
Así han quedado los trenes tras el accidente de Adamuz. / Manuel Murillo
Viajar en tren constituye, para algunos, una extensión de la rutina matutina. El mismo andén, la misma hora, el mismo tentempié apresurado, la misma mirada adormilada que se clava en la ventana salpicada de vaho, mientras el paisaje todavía bosteza. Para otros, puede ser en cambio, un viaje de placer, con un punto romántico y aventurero. El tren conserva esa rara capacidad de suspender el tiempo. No exige la atención constante del volante ni la impaciencia del control aéreo y ni siquiera el imperativo cinturón. Tal vez, ya va siendo oportuno plantear su obligatoriedad.
Un trayecto en un vagón permite leer, pensar, observar a desconocidos e imaginarles una........© La Provincia
