Moby Dick en la cárcel y otras noticias
Nuevo espacio escénico alternativo 'El Aparte'. / José Carlos Guerra Mansito
El teatro, tan antiguo y tan moderno, es un género literario que actúa como un espejo social. En un abarrotado salón de la prisión Salto del Negro se ha representado una versión de la novela Moby Dick en una producción de la Asociación Sociocultural Travesía y con dramaturgia de dos italianos muy creativos: Enzo Mirone, residente en la isla, y Graziano Pellegrino, desplazado expresamente desde Nápoles. En El ojo de la ballena los actores fueron veintidós internos del centro que pusieron entusiasmo para llevar al público una pieza dinámica, con estética muy actual, que actúa como una travesía sobre las obsesiones, los deseos, las derrotas y los triunfos. Sus gritos fueron llamadas a la conciencia, y esa ballena blanca que fue perseguida hasta el sacrificio simbolizaba la lucha entre el bien y el mal, sublime pieza literaria. El decorado, tan minimalista, estaba compuesto por tablas que conformaban alguna de las pateras que llegan por aquí. Los espectadores en buena parte eran estudiantes de Trabajo Social, en una experiencia importante en los centros penitenciarios del país, cientos de asistentes en cuatro funciones.
La novela de Melville ha dado mucho juego para gente como Rosario Valcárcel, enredada en tantos prólogos y presentaciones, autora de Moby Dick en Las Canteras Beach, publicada por Jorge Liria y traducida al francés. Ella, que, pese a la presión social, fue feminista de avanzada, dará a conocer próximamente nuevas entregas, con alguna reedición significativa de su primer trabajo, La Peña de la Vieja y otros relatos, así como un libro que recoge buena parte de su labor como presentadora de exposiciones artísticas en las décadas más recientes.
No es la única novedad, pues en El Aparte, pequeña sala de la calle Pérez del Toro 34 se ha representado El funeral, psicodrama de Alejandro Croissier generado tras el encuentro profesional con sus pacientes en su largo recorrido. Una obra que explora las emociones: la culpa, los silencios, las soledades y la dificultad de la mujer para ser protagonista de su destino. La obra es reproche y ausencia, y donde la pregunta por la muerte es, en realidad, una pregunta por la vida que no se ha podido vivir, por las renuncias que ha impuesto la sociedad patriarcal. Hurga en la maternidad, la religión, el cuerpo, la obediencia y la renuncia y está inspirada en el pensamiento de Sigmund Freud, Jacques Lacan y Melanie Klein, además del recoger los resultados del ejercicio profesional de Croissier. La muerte en el centro de las propuestas. En Asia nadie se obsesiona con ella porque las religiones de allí mayoritariamente confían en la reencarnación; sin embargo entre nosotros genera terror tal vez porque partimos de antiguos dogmas como el infierno y el purgatorio, que tanto han castigado las conciencias durante siglos. Entonces, para los agnósticos la muerte podría representar el fracaso humano en un mundo sin dioses, y la vida parecería un sinsentido. En definitiva: El Funeral es reivindicación femenina, mujeres que quieren vivir, y muestra el esfuerzo de Croissier respecto a anteriores ideas.
Más allá del carnaval derrochador de presupuestos, en nuestra cultura local están sucediendo cosas, solo tenemos que estar despiertos. Hay ambiente bueno para la novela y el teatro amateur, se ponen en escena espectáculos novedosos. No en vano gente como Ismael González está colaborando activamente en proyectos muy diversos, que incluyen la futura puesta en escena de una obra propia. Un hombre de radio que, jubilado de su labor funcionarial, está lanzado a explorar los mundos escénicos. Sin duda tiene aptitudes para ello, es meticuloso y también imaginativo. Se levanta antes de las cinco de la mañana para ponerse a escribir porque le ha entrado la fiebre de los creadores. Su mujer, Carmen, no tiene otro remedio que protestar un poco. Una pareja inquieta, que ha viajado por 98 países del globo.
