El olor del verano
Niños participando en las actividades de verano de CaixaProinfancia. / Alvaro Cabrera
De niña me encantaba saber de cuánto tiempo disponía para jugar o para no hacer nada, y el verano era mi época favorita para sacar esas cuentas. Por aquel entonces un día no eran solo veinticuatro horas. Era una extensión del universo en la que perderte y encontrarte cientos de veces. Las obligaciones eran escasas: deporte por la mañana y una hora de cuadernillo Santillana por la tarde. El resto del tiempo se dilataba hasta que me aburría de jugar o me vencía el sueño. Aunque las vacaciones oficialmente empezaban el veintidós de junio, para........
