Que no nos consuelen las máquinas
Una persona usa la aplicación de inteligencia artificial ChatGPT en el ordenador. / Europa Press
Hoy me levanté deseando muy fuerte que a mis amigas jamás tenga que consolarlas una máquina. Que por favor nunca abran la app de la IA de turno buscando contarle un problema a esa voz que te devuelve tu propia voz. Que esta bola de nieve no siga ese camino, que se corte limpiamente el silencio que vertemos sobre el hecho de que a todes nos parece cómoda la maquinita que escucha, resuelve y luego olvida. Traga, procesa y luego archiva. Ya ni siquiera estoy pensando en la IA en sí ni en todos los problemas que condensa y acarrea (el uso de estas inteligencias artificiales no es ético, y nos está comiendo, por un montón de razones muy importantes), en lo que pienso es en el gesto humano de subir las patas al sillón, cruzarlas como un crochet sensible, y ahí las lagrimitas acudiendo por fin porque por fin un momento de tranquilidad y atención a ese muerdemuerde, y a ver el móvil dónde lo tengo y abrir, en vez del chat con alguien que te quiere, el chat con la nada. La nadie. La agujera. La cámara de los gritos para que no se oigan........
