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Ojos abiertos-cerrados-abiertos-cerrados

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14.02.2026

Imagen de "Los Juegos del Hambre" / ARCHIVO

El año pasado, en mi delirio de obsesión repentina con el romantasy de mi adolescencia, releí Los juegos del hambre, la saga de Suzanne Collins en la que un Estados Unidos distópico, dividido en distritos y encabezado por un Capitolio lujoso y cruel, disfruta de una especie de reality show anual en el que veinticuatro adolescentes deben matarse entre sí hasta que solo quede uno. La saga principal está protagonizada por Katniss Everdeen, una chica del Distrito 12, el que está dedicado a la minería y el más pobre, que se presenta voluntaria después de que en el sorteo escojan a su hermana de doce años. Katniss se enamora de Peeta, el otro joven al que envían a morir a la arena, y yo recuerdo leer los libros y ver las pelis suspirando por ambes (cultura bisexual) y obsesionada con su romance. Cuando me dediqué a volver a pasearme por la historia, solo podía preguntarme cómo no veía yo todo lo duro que me estaban contando y cómo eso no eclipsaba absolutamente las chispitas estomacales que me generaban Katniss y Peeta.

De hecho, algo que me interesó al releer la saga fue justo cómo eso sucede dentro de los propios libros: la gente del Capitolio........

© La Provincia