El giro de la izquierda y sus turbulencias
Colombia no llegó al "Cambio" por accidente. Durante años, el desgaste de los gobiernos tradicionales fue acumulando inconformidades, frustraciones y promesas incumplidas. Los nubarrones estaban ahí, a la vista de todos. La respuesta fue un giro histórico: por primera vez en el 2022, la izquierda llegaba al poder con Gustavo Petro. Sin embargo, lo que se anunció como un nuevo rumbo pronto empezó a sentirse como una travesía en medio de turbulencias. Y lo más llamativo es que esas turbulencias no comenzaron en el ejercicio del poder, sino incluso antes, en plena campaña.
Se habló entonces de acercamientos a la cárcel La Picota, en los que habían participado personas del entorno político, como Piedad Córdoba y Juan Fernando Petro. Más allá de lo que se haya probado o no, el episodio dejó instalada una pregunta: ¿Cuál era realmente el objetivo de esos contactos?, ¿gestiones humanitarias?, como se dijo, o ¿la búsqueda de apoyos en sectores donde el poder también se mueve de otras formas?
Ahí quizá comenzó la primera sacudida de este "Cambio". Más adelante aparecieron episodios aún más delicados: El caso de Nicolás Petro, investigado por la presunta entrada de dineros irregulares a la campaña, y los escándalos que rodean a Armando Benedetti, marcados por unos audios filtrados en los que, en tono airado, afirmó que habían ingresado sumas importantes de dinero a la campaña que no fueron reportadas oficialmente; así como los de Sarabia, por el manejo de su equipo y un polémico episodio de interceptaciones, que dejaron al descubierto tensiones internas y formas de ejercicio del poder difíciles de conciliar con la promesa inicial. Ya no eran hechos aislados, sino un patrón que empezaba a repetirse.
La turbulencia dejó de ser un asunto del entorno y pasó al corazón mismo del Gobierno. La ruptura de la coalición en el Congreso de la República marcó un punto de quiebre: lo que empezó como un "Gobierno amplio" terminó en aislamiento político. El "Cambio" comenzó a quedarse sin cómo ejecutarse.
De fondo, las reformas de la salud, laboral y pensión empezaron a chocar más de lo que avanzaban. Sin mayorías, el "Cambio" empezó a volverse más discurso que realidad. Y casi al mismo tiempo, la inestabilidad se volvió parte del paisaje: feria de ministros, cambios frecuentes en el gabinete, ministros que duraban poco y una sensación creciente de improvisación. El "Cambio" ya no solo enfrentaba resistencia afuera, sino desorden adentro.
En paralelo, se fueron acumulando decisiones y prácticas difíciles de ignorar: cuestionamientos sobre el eventual uso de recursos públicos para sostener bodegas digitales cercanas al Gobierno de Petro; también debates sobre el papel de medios públicos como RTVC, del que han denunciado sesgos a favor del Gobierno; la cancelación unilateral de concesiones viales, y señalamientos sobre apoyos a movilización y transporte de comunidades indígenas.
Durante este "Gobierno del Cambio" se han presentado diversas situaciones y controversias sobre la presunta intervención directa del presidente y sus ministros en política, desafiando la línea entre gobernar y hacer campaña. También empezó a llamar la atención la baja ejecución presupuestal, en contraste con un gasto público creciente, en medio de cuestionamientos sobre el uso de recursos en tiempos sensibles frente a la Ley de Garantías. Mas que cuánto se gasta, la discusión pasó a ser cómo y para qué se está gastando.
El giro a la izquierda abrió una nueva ruta: las turbulencias han puesto en duda hacia dónde realmente nos está llevando.
