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Orlando Viera-Blanco: Caminando por Caracas con Andrés Bello

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23.09.2026

“¿Hemos entendido en Venezuela, la huellas del tiempo?. Donde no hay comprensión, no hay respeto, admiración, ni cariño. Y sin afecto la república ni dura ni nace” sentencia Bello. Mi corazón latía a más velocidad. Una lágrima de frustración y nostalgia se escapa en mi mejilla

Una conversación imposible sobre la república posible y el arte de no perder la civilización…

Caracas tiene la virtud de poner a conversar a los vivos con sus muertos. Basta caminar por ciertas calles, mirar una iglesia antigua, disfrutar el olor de la biblioteca de un convento e imaginar los patios donde estudiaron aquellos muchachos que parieron una república. Así la historia no ha muerto. Sólo espera que conversemos con ella.

Mariano Picón Salas escribió que Bello quería construir la civilización americana mediante la educación, la lengua, el derecho, la historia y las instituciones. Mariano consideró ese proyecto como una de las grandes tareas inconclusas del prócer hispanoamericano. Cuánto desearía preguntarle sobre estas interrogantes de su vida.

[…] De pronto, caminando plácidamente por Las Mercedes [cerca de la esquina de Luneta donde nació Andrés de Jesús, María y José Bello López], escucho una voz que me increpa.

Caminando demasiado deprisa. Y me volví al oir de una voz.

El hombre llevaba levita oscura, sombrero, mirada tranquila y esa expresión de quien ha pasado buena parte de su vida leyendo mientras otros discutían. No necesité preguntar quién era.

—¿Don Andrés Bello?

—Eso dicen los libros.

—Los libros también dicen que murió en 1865…Sonrió.

—Los libros suelen equivocarse cuando creen que la muerte de un hombre equivale a la desaparición de sus ideas.

Comenzamos a caminar. Comprendí que tenía delante al caraqueño que había atravesado tres mundos: la Caracas colonial, el Londres de la revolución industrial y la república Chilena que ayudó a construir y hasta su código civil llegó a redactar.

Cuanta versatilidad en una sola humanidad. El poeta de Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida; Oración por todos , el proscrito, la Cometa…El literato y filólogo, el gramático; el jurista y filósofo de Principios de Derecho Internacional, el redactor del Código civil de la república de Chile; el político que acompañó a Bolívar y a Luis López Méndez tras el nacimiento de la I República [1810]; el primer humanista de América se presentaba ante mi, como un simple mortal.

Hablamos entrando a la Biblioteca del Convento de Las Mercedes donde conoció al Fraile Cristobal de Quesada, su maestro de niño.

—¿Qué recuerda de Caracas?—pregunté.

Bello no respondió inmediatamente. Miró hacia adelante.

—Recuerdo una ciudad que ustedes han convertido en una leyenda política. Pero era también una ciudad de libros, iglesias, maestros…de tertulias y jóvenes que querían saber. Por su puesto es la Caracas de las Constituciones Sinodales [inspiradas en el Concilio Ecuménico de Trento] que tanta dependencia han generado al “buen padre de familia, genio y figura de Dios”, plasma de nuestro conflicto histórico por ser o no republicanos, ser uno o ser todos.

[Bello] Nació el 29/11/1781. Su padre, Bartolomé Bello, era abogado de la Audiencia. En 1796 ingresó al Seminario y a la Universidad de Santa Rosa. En 1800 obtuvo el grado de bachiller en Artes. Allí aprendió latín, castellano, filosofía, ciencia y las letras.

—Usted fue contemporáneo de Miranda y de Bolívar.

—Sí.

—¿Y qué significaba Bolívar para usted? Bello se detuvo.

—Bolívar fue un hombre extraordinario. Pero no confunda Usted al héroe con la República. Un héroe es una figura idealizada. Un ideal republicano puede ser contrario al hombre de poder. Hay que diferenciar—señor mío—entre el hombre en sus circunstancias y pasiones y el hombre con sus miedos, carencias y pesares.

—¿No son inseparables?

—Ese es uno de los errores más peligrosos de Hispanoamérica. El héroe tiende a sentirse indispensable. El Republicano hace que trasciendan las instituciones por el imperio de la ley.

Lo miré.

—Cuánto nos ha costado recuperar la republica, me atrevo comentar.

—Una república no puede depender de las virtudes extraordinarias de un hombre superior. Debe sobrevivir a sus héroes, a sus presidentes, a sus generales y también a sus malos gobernantes. No necesariamente un héroe es un buen gobernante. Fíjese Ud. Prefiero que me recuerden como un sensato realizador y no como un apóstol inflamado.

—Caramba. Tamaña denuncia, y reflexión.........

© La Patilla