Miguel Méndez Fabbiani: ¿Dónde está la conferencia perdida de Von Mises?
Se cuenta en los corredores de la memoria académica que, en una tarde fría en norteamerica, Ludwig von Mises, ya viejo, pero con la lucidez acerada del acero vienés, subió a un podio prestado en un auditorio abarrotado de Harvard y en apenas treinta minutos demolió con la severidad de un martillo los más reputados baluartes del pensamiento socialista universitario.
Frente a él se sentaban John Kenneth Galbraith, Paul Samuelson y Wassily Leontief, tres luminarias económicas que encarnaban la más sofisticada arquitectura de la economía planificada.
Y sin embargo, en ese auditorio repleto de estudiantes neo-marxistas incrédulos, Mises no debatió opiniones políticas ni emitió juicios ideológicos: el austríaco se limitó a enunciar, con voz de juez irrevocable, leyes de hierro tan inexorables como la gravedad newtoniana.
En esa media hora, según se murmura, Mises desplegó tres argumentos de tal contundencia lógica que Harvard, para preservar su prestigio, prefirió que la grabación filmográfica de aquel duelo desapareciera en las bóvedas del olvido.
Esos tres argumentos no son meras reliquias escolásticas, sino la llave científica para entender por qué Venezuela, Nicaragua, Cuba y la América Latina permanece sumidas en el experimento estatista, y marcharon todos como autómatas ciegos hacia el abismo económico.
Primer argumento: La imposibilidad del cálculo económico:
Ludwig Von Mises comenzó con la precisión de un cirujano: «Sin precios de mercado originados en intercambios voluntarios de propiedad privada, no existe brújula alguna para orientar la asignación de los recursos.»
En ausencia de precios libres, expresiones condensadas de la escasez relativa y de la preferencia temporal de millones de........
© La Patilla
