El carcelero ausente y la prisión intacta, por @ArmandoMartini
Parece que fue ayer cuando el eco de aquel alarido bravucón, “¡aquí estoy, vengan por mí!”, retumbó en la impudicia del poder. Ante su iracunda insistencia, fue despachado a Nueva York, y la noticia dio la vuelta al mundo envuelta en titulares que, con ingenua euforia, anunciaban el fin de una era. Sin embargo, una insólita realidad se impuso, el autócrata fue extirpado, pero el autoritarismo se quedó, permaneció el miedo, las instituciones secuestradas, y la vida cotidiana siguió en la incertidumbre. La ausencia no significó el desplome, el sistema no acepto el vacío y gobierna sin legitimidad, desprovisto de respaldo constitucional y mandato ciudadano. Ese es el espejismo de la libertad tutelada.
El engaño de la transición incompleta, es creer la estulticia de que, con cambiar al carcelero, se recupera la libertad. Elegir entre represión endógena y vigilancia del imperio no es independencia; sino un cambio de guardia. Aprendimos a sobrevivir en la miseria, sospechar del vecino, convertir el silencio en supervivencia; pedir permiso para hablar se disfrazó de prudencia; callar, de sensatez y resignarse, en proteger a la........
