Carroñas de paso, por Antonio Ledezma
En los regímenes corroídos por dentro, las decisiones no se toman para gobernar, sino para drenar. No se trata de administrar el poder, sino de limpiar sus propias cloacas. Y cuando las cañerías rebosan de podredumbre, no llaman a estadistas: llaman a fontaneros. Eso es lo que estamos viendo.
La destitución del general Vladimir Padrino López —el ministro perpetuo, el hombre que durante más de una década sostuvo el andamiaje militar del régimen— no es un gesto de renovación, sino una operación de desmantelamiento con saneamiento interno. No cae un símbolo por convicción institucional, sino por necesidad de supervivencia. Y quien ejecuta esa tarea es Delcy Rodríguez, aplicada y disciplinada, cumpliendo al pie de la letra la encomienda más amarga: limpiar las tuberías de un sistema desbordado de corrupción, traiciones y cuentas pendientes.
Pero nadie se engañe: esa limpieza no busca justicia, sino encubrimiento. Para una tarea tan sucia, se necesitan manos acostumbradas a la suciedad. Por eso el relevo no sorprende. Gustavo González López no llega desde fuera del sistema: emerge de sus entrañas. Exdirector del SEBIN, jefe de inteligencia, operador en las sombras, su nombre ha estado vinculado durante años a estructuras represivas y........
