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Nochevieja, año nuevo. Doble latido de España

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30.12.2025

Un niño sostiene un racimo de uvas blancas, típicas de Nochevieja. / DAVID CASTRO / EPC

Crónica de una noche en la que el tiempo corre y el tiempo se queda. La última noche del año revela la piel profunda de España como un negativo fotográfico: lo que suele brillar se oscurece, y lo que permanece oculto adquiere una nitidez inesperada. No una, sino dos Españas emocionales, como diría el poeta, conviven bajo el mismo cielo de invierno. Por un lado, la España que arde: un estallido de luz artificial, estruendo y multitud convocada. Por otro, la España que vela: un territorio de silencios densos, de gestos mínimos cargados de eternidad. Esta es la crónica de una Nochevieja partida en dos, del instante exacto en que un país se mira en espejos opuestos y reconoce, en ambos reflejos, la pulsación contradictoria de su propio corazón.

Una noche, dos países. España no se divide esa noche por fronteras administrativas ni por ideologías antagónicas, sino por una forma de habitar el tiempo. Mientras unos lo persiguen, otros lo custodian. Mientras en las ciudades se celebra el paso, en los pueblos se honra la permanencia. La misma fecha, el mismo calendario, pero dos modos casi antagónicos de atravesar el umbral simbólico que separa un año de otro.

La ciudad en llamas: el rito del instante. En el centro neurálgico de las grandes capitales, la noche del 31 de diciembre es un fenómeno casi geológico. Madrid, Barcelona o Valencia se transforman en cráteres de asfalto por los que brota, incandescente, el deseo colectivo. La puerta del Sol, la plaza de Cataluña, las grandes avenidas iluminadas se convierten en altares laicos donde se oficia el rito de la renovación acelerada.

El aire, frío en la altura, se vuelve........

© La Opinión de Zamora