No dejan de subir
Surtidores en una gasolinera. / Archivo
No es difícil imaginar a qué me refiero: los precios. Aviados vamos, porque los susodichos mantienen la misma progresión que en el inicio del año y en este febrero que acabamos de dejar atrás alcanzaron una tasa interanual del 2,3%. Los combustibles, la restauración y los alojamientos que están más caros que nunca y la cesta de la compra, de la que no podemos prescindir, han vuelto a ser el elemento desestabilizador que deja los bolsillos de los hogares temblando.
En estas cosas de suma importancia para el bienestar de los ciudadanos no reparan sus señorías cuando realizan esos debates ‘encarnizados’ en sede parlamentaria, a veces hablando y discutiendo de cosas que a los españoles nos traen al pairo. Esto es lo verdaderamente importante. No es de extrañar que a muchas personas no les llegue el sueldo y que la carne, ya no hablo de ternera, sea un manjar de lujo inalcanzable para un buen número de economías familiares.
Ni la ya amortizada Yolanda (dicen que fichará por el PSOE), ni el ministro Bustinduy, de su misma formación, hacen nada por evitar estas subidas que atentan directamente contra el Estado de Bienestar que debería ampliar su radio de acción, para garantizar no sólo la salud, la educación, las pensiones y subsidios, el Estado de Bienestar también debe contemplar una importante mejora de la calidad de vida y asegurar la equidad social de los ciudadanos. De esto no se habla en las Cortes ni en el Consejo de Ministros.
Sus Señorías y el Gobierno tienen información de primera mano al respecto, pero no entran en el asunto. Es fácil llegar a la conclusión de que, por el bienestar de los españoles, de las familias que no llegan, no ya a fin de mes, sino a mediados de mes, no hacen nada. Además de los productos energéticos y los de alimentación, las bebidas y el tabaco también han sufrido el varapalo de la subida, pero, mire, bebidas y tabaco no me importan, alimentación y productos energéticos, sí. Porque en esta España que va como un torpedo, son ya demasiadas las personas que saben lo que es el hambre. Las cornadas que da en el estómago son muy dolorosas.
El día que nuestra amada clase política se preocupe de estas cosas, ese día se habrá alcanzado la necesaria madurez política.
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