menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Porque irse dolía igual que quedarse

17 0
28.06.2026

Ilustración creada pro ChatGPT.

Hay historias de amor que comienzan con un beso; otras, con una promesa. Y las hay que nacen por destino: sin aviso, sin intención, como si la vida las colocara exactamente donde debían estar. Algunas ni siquiera llegan a empezar del todo y, aun así, dejan una huella tan profunda como aquellas que duran toda una vida.

Esta nació por casualidad: sin hacer ruido, sin que nadie sospechara que acabaría ocupando un rincón distinto en la memoria. Fue algo simple: dos personas coincidiendo en el mismo lugar, con la suficiente curiosidad como para cruzar unas palabras que, en cualquier otra circunstancia, habrían pasado inadvertidas. Pero a veces lo que parece insignificante es precisamente lo que se queda.

Hablaron apenas unos minutos. Una conversación sencilla, de esas que no deberían dejar ningún impacto. Sin embargo, bastó aquel breve instante para que apareciera una sensación difícil de explicar: la impresión de haberse conocido antes.

Después de aquel encuentro no volvieron a verse en mucho tiempo, aunque siguieron en contacto. Mantenían conversaciones divertidas, con preguntas indiscretas y respuestas prudentes. Con la educación que acompaña a quienes aún no tienen motivos para quedarse, pero tampoco prisa por marcharse.

Con el tiempo, sin apenas darse cuenta, aquellas conversaciones esporádicas empezaron a ocupar más espacio del previsto. Entre mensajes que llegaban sin prisa y silencios que no resultaban incómodos,........

© La Opinión de Zamora