Piel de mariposa
Piel de Mariposa: así es una de las enfermedades raras “más dolorosas” para lo que no hay cura / EFE
Gobernar consiste básicamente en marcar las prioridades a las que dedicar los recursos privados y limitados que el Estado recaba para las arcas públicas. El estado liberal favorece que la actividad de personas y empresas genere riqueza y crecimiento económico. Con ello, que los recursos aportados a lo común sean también cada vez mayores. Así se ha desarrollado el estado del bienestar, que exclusivamente ha sido posible de manera eficaz a partir del sistema económico liberal y no, pese a sus eternas promesas de la utopía del paraíso en la tierra, a partir de ningún sistema totalitario.
Así, quienes más se llenan la boca hablando de la defensa del estado del bienestar son quienes, sistemática y meticulosamente, cuando gobiernan desde postulados antiliberales, más lo deterioran. El buenismo ha ganado la batalla frente a la bondad. Es más fácil defender grandes causas que afectan a la humanidad en su conjunto o a los más elevados ideales colectivos, que arrimar el hombro para ayudar a personas concretas en problemas tangibles. Bajándonos a lo específico, es más fácil pulverizar ingentes cantidades de recursos públicos en campañas publicitarias, ciclos de conferencias, manifestaciones y mercadotecnia, para lograr la igualdad entre hombres y mujeres que destinar unos pocos euros a proteger a cada una de las víctimas de violencia de género.
Es más cómodo abanderar la defensa grandilocuente de la sanidad universal, que destinar ínfimas cuantías, en comparación, a atender a quienes padecen enfermedades raras como la ELA o las menos de mil personas que, con nombres y apellidos, sufren en España la enfermedad de la piel de mariposa, dolorosa e impenitente. Cómo no conmoverse con el testimonio de Leo, el niño de 12 años que ha protagonizado una emotiva intervención en sede europea. Ante la sordera del Gobierno central, el de Andalucía ha decidido asumir los costes del tratamiento que va a permitir que Leo, y con él otros, puedan disfrutar, por primera vez, de la ausencia de dolor. Más vale un Leo feliz que un millón de solemnes discursos vacíos.n
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