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San José, mis padres y el semáforo en rojo

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02.05.2026

Una imagen representativa del 1 de mayo / Nana Pez

En Murcia, cuando empieza a oler a verano, la ciudad se convierte en un tablero de ajedrez jugado por gente con prisa. El coche que te adelanta como si la Gran Vía fuera la M‑30, la furgoneta en doble fila "un momentico", el repartidor que se juega la vida en cada rotonda… y tú, en la bici, haciendo equilibrios como quien encadena contratos temporales: hoy carril, mañana bordillo, pasado un "ya te apañarás". Y justo ahí, en mitad del zigzag, llega el Primero de Mayo y te recuerda que el trabajo —eso que debería sostener la vida— a veces la muerte.

Hay quienes lo han dicho sin rodeos, como en el manifiesto de la HOAC de Murcia: esta Región se sostiene sobre espaldas que casi nunca salen en la foto. Las de quienes trabajan en las fincas del Campo de Cartagena, Mazarrón o el Guadalentín; en el manipulado de fruta; en la hostelería que "nunca descansa"; en los cuidados invisibles; en los barrios donde la precariedad se nota "más que las estadísticas", en los servicios públicos. Con el parte real del día: jóvenes que no pueden emanciparse, mujeres con doble jornada y brecha salarial, personas migrantes sosteniendo sectores enteros desde la........

© La Opinión de Murcia