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Un nido de cerezas

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22.05.2026

A veces es la última vez de algo y ni siquiera lo sabes, pero a veces es la última vez de algo y sí lo sabes, lo intuyes sin la necesidad de consultar oráculos confusos. Tengo la convicción de que existen personas que presienten finales, los finales, personas que empiezan a ordenar muy despacio los cajones para dejarlo todo bien arreglado y en su sitio, o meten los documentos importantes en una hermosa caja de latón y escriben arriba pegado con fixo: «Aquí está tó», para que sus deudos no se vuelvan locos buscándolos. Personas que ya no quieren comprarse ropa nueva, que no quieren viajes, ni relojes, ni corbatas de seda, ni teléfonos móviles. Personas que comienzan a desear únicamente lo esencial: un melocotón dulce, la sombra de una encina, un vaso de agua fresca después de barrer las hojas en el patio o una siesta tranquila al estilo de esa máxima que dice: «La siesta española se mea en el sueño americano». El otro día vi a un hombre así, sin apenas saberlo. Me di cuenta después.

Yo estaba en la frutería

Yo estaba en la frutería eligiendo naranjas, mientras que el hombre entró despacio, arrastrando un poco los pies y con un andador de aluminio en sus manos. Era como si el cuerpo le pesara más que la gravedad, igual que si tuviera que caminar por Júpiter. El hombre estaba pálido, llevaba esa expresión en el rostro que tienen los enfermos cuando ya han dejado de discutir y enfadarse con el dolor. Lo hacía todo con una lentitud........

© La Opinión de Murcia