La tristeza sagrada de los lugares abandonados
La tristeza sagrada de los lugares abandonados / Ribero
Existe una tristeza sagrada en los pueblos y cortijos abandonados. La mayoría de ellos son el testimonio de una paciencia antigua, extinguida, de un tiempo que ya no sabe ni decir su nombre. Esos lugares albergan la liturgia del polvo detenido de los siglos. Son ruinas a la espera de no se sabe qué. Estaciones de paso hacia el olvido. Son como un almanaque detenido en un eterno Miércoles de Ceniza. Son como esas chaquetas viejísimas que aún conservan la forma de la espalda y los hombros de quienes se las pusieron.
Cuando entro en ellos, siempre pienso en las palabras de amor que se dijeron allí dentro y en la fiebre que pasó un niño con paperas en una de esas habitaciones de existir que tienen ahora las colañas podridas y en las lumbres que se encendieron con la arista del cáñamo y en dolor de los partos que sucedieron en las alcobas frías con los techos muy altos y en el pan de los hornos que alguien se llevó al pecho para poder partirlo con navaja. Incluso imagino que alguien allí se quitó un día la vida.
Tengo esa querencia a visitarlos y la suerte de tener amigos que saben mucho de todo eso. Es un fervor por el pasado, por los mundos que se pierden, un ponerse a pensar y a tener sentimientos de nostalgia suprema. Entonces me surge esa pulsión de mirarlo........
