El pan de los vencejos
Un ejemplar de vencejo / Turismo de Segovia
Soy un enamorado de los vencejos. Siempre me parecieron seres que no son de este un mundo. Siempre pensé que eran una especie de milagro ‘inverosímil’, una virguería de la naturaleza, un capricho del universo, piezas llamativas de ese puzle surrealista y sagrado que es la existencia misma y que apenas entendemos del todo todavía, hasta creo que, a Dios, lo que más trabajo le costó inventar fue a esos pájaros, y no sé si está bien o es correcto denominarlos pájaros, ni quiero ahora ponerme en Google a buscarlo.
Desde que era un crío me fascinaban porque mi abuelo Manuel me explicó que vivían y dormían en el aire y que solamente algunos se metían al ojo de las tejas para criar allí. Me costó mucho creerle. Aún hoy me cuesta. Desde entonces me he preguntado qué podía haber en el aire que fuese tan nutritivo y les pudiese conceder la energía vital para toda esa alegría inaudita con la que vuelan y chillan, esa precisión con la que hacen todo. Y luego, sin embargo, son tan desvalidos en el suelo y ponen esa cara de niño desahuciado cuando te acercas a cogerlos para devolvérselos al aire, porque son suyos, son del aire. Todavía me pregunto qué comen allá arriba, cuál es el pan de los vencejos. Aunque por su manera tan elegante de volar, más que comer, parece simplemente que están nadando el aire por........
