Fuego, agua y viento: La naturaleza se rebela
Algunos de los momentos más destacados de esta mañana en el incendio de Cabo Tiñoso.
Hace medio año, el fuego arrasaba más de 350.000 hectáreas, el peor verano que se recuerda, Galicía, Castilla y León y Extramadura, sufrieron en primera línea su devastadora fuerza, para que nos hagamos una idea, el espacio quemado es igual a la superficie de cultivo que tenemos en la Región de Murcia.
El fuego de este pasado verano, ha dado paso a la segunda fuerza, el agua. Andalucía y Galicia, junto con Extremadura (otra vez) y Portugal, han llevado un mes de enero y los primeros días de febrero, vomitando el líquido elemento por cada poro de la tierra, sus terribles consecuencias aún están por valorar.
Y sin tiempo de descanso, el Dios Eolo ha enviado a su ejército a nuestras tierras, arrancando árboles, tejados y muros, y esperemos que también haya servido para que aquellos que niegan la emergencia climática ya no tengan ninguna mentira a la que agarrarse.
Es cierto que nuestros pantanos de la península ibérica, están muchos a rebosar, menos Murcia, aunque como decía aquel cubano que le preguntaron por Fidel Castro: -No nos podemos quejar- contestó, ¡Ah! ¿Están ustedes bien entonces? repreguntó el turista en el Malecón de la Habana, -no compadre-, contestó, ¿qué parte no entendió del ‘no nos podemos quejar’?
El cambio climático ya no anuncia su herida de año en año, sino que cada vez que puede se rebela frente a unos dirigentes que siguen despreciando las alertas que envía.
En estos días pasados hemos conocido, a nadie ha pillado por sorpresa, que Donald Trump ha decidido con su firma acabar con cualquier atisbo normativo que aliviaba la emisión de gases de efecto invernadero, y ello no será algo liviano o secundario, al contrario, la decisión de las grandes potencias de hacer oídos sordos a los gritos de S.O.S del planeta llamado tierra, y eso nos afectará a nosotros, los murcianos sufriremos no solo los efectos devastadores del fuego, el agua y el viento, sino que sus políticas económicas, nos afectarán en el corazón de nuestro tejido productivo, nuestra agricultura y nuestro turismo.
El calor volverá más fuerte este año, durará más tiempo, y muchos turistas, por culpa del cambio climático trasladarán su destino de vacaciones a otros lugares, y nuestra agricultura sufrirá un efecto aún más demoledor, y es que la irrupción de otros mercados productores, nos hará replantearnos nuestro propio modelo agrícola.
El problema es que algunos confían en domesticar a las fuerzas de la naturaleza a base de ocurrencias y negaciones. Si alguien pretende luchar contra el fuego, el agua y el viento tapándose los ojos y decir ‘No toy’, se equivocará.
Como decía el maestro Serrat en una de sus míticas canciones, la naturaleza nos ha declarado la guerra.
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