Aprender a nombrarnos
En el último Día del Libro regalamos a nuestro hijo La gran fábrica de las palabras, de Agnès de Lestrade y Valeria Docampo. Una pequeña joya ilustrada que, con una aparente sencillez, encierra una idea poderosa: las palabras importan, y no solo por lo que dicen, sino por cuándo y cómo se dicen. En ese mundo imaginario, hablar cuesta, y por eso cada palabra se elige con cuidado. Tal vez no estemos tan lejos de necesitar esa misma conciencia en el nuestro.
El lenguaje no es solo una herramienta: es el lugar donde ocurre lo humano. En las palabras habitamos, nos reconocemos y también nos perdemos. Por eso, cuidar el sentido de las palabras no es un lujo intelectual, sino una responsabilidad ética que atraviesa todos los ámbitos de la vida, desde la educación hasta la convivencia cotidiana.
Vivimos en una época de prisa verbal. Se habla mucho y se escucha poco. Se repiten consignas, se simplifican realidades complejas y se empobrecen los matices. Sin embargo, el mundo........
