Ayúdame si lo ves
Nuestro personaje de hoy caminando por la ciudad / Juan Ballester
Esta imagen la tomé en diciembre pasado con la intención de dedicarle una ‘Mirada’ a este personaje tan popular al ejercer la mendicidad por el centro de la ciudad. Sin embargo, cada vez que me planteaba escribir sobre él (bueno, más que sobre él, pues no tengo ni idea de quién es, ni de cuáles son sus circunstancias, sería sobre lo que representa, sobre lo que me transmite cuando me lo encuentro y furtivamente lo miro); cada vez que me planteaba escribir sobre él, decía, inmediatamente dejaba de hacerlo por una especie de pudor, de falta de legitimidad moral para señalar lo que a todas luces aparenta ser un drama ajeno. Sí, porque ¿quién es uno para señalarlo, para traerlo a este espacio público y, de alguna manera, aumentar ese drama, ese fracaso, ese triste destino o como quiera que podamos definirlo? ¿Acaso nos gustaría que alguien publicara nuestras propias miserias, esas que cada uno de los seres humanos arrastramos sin remedio?
Personalmente no soporto la mendicidad actual. La he conocido desde niño (como creo que será conocida por los siglos de los siglos), pero aquella mendicidad de otros tiempos era una mendicidad pasiva, de espera silenciosa, evidente ante una imagen asociada a la edad y, sobre todo, al abandono social. Sin embargo, la actual es relativamente joven (es decir, en edad de trabajar), ruidosa, activa, agresiva, inoportuna, pesada… como si el acto de pedir ayuda fuese más un derecho reconocido por la Constitución que un libre acto de generosidad. Desde luego no suelo atenderla, pero, en determinados casos como el que hoy señalamos, no sólo lo hago, sino que hasta la busco porque veo en ella como algo propio. No sé muy bien qué es, pero cuando miro a esta persona no puedo evitar verme mí mismo, ver mi propia realidad, aquella que en un determinado momento pudo coger otro camino distinto al que cogí. Es entonces cuando acudo raudo en su ayuda sin necesidad de que me reclamen nada. Visto así, posiblemente se trate del mayor acto de egoísmo que pudiéramos imaginar, pero ¿acaso la propia identidad no es nuestro mayor refugio de supervivencia? Ayúdame si lo ves.
Suscríbete para seguir leyendo
