El perito en un proceso judicial
Ilustración de Leonard Beard
Está claro que los jueces no pueden saber de todo. Su misión es administrar e impartir justicia. Sin embargo, en un proceso judicial hay ocasiones en las que el juez necesitaría ser un experto en una materia concreta, según el caso que se esté juzgando. Es ahí donde el dictamen de los peritos cobra verdadera importancia.
El juez, sin tener esos conocimientos técnicos o científicos específicos, puede estar mejor preparado para dictar sentencia gracias al asesoramiento que aportan los informes periciales elaborados por especialistas en la materia. Estos informes pueden ser aportados por las partes o solicitados de oficio por el propio juez. En cualquier caso, el tribunal únicamente rechazará aquellas intervenciones periciales que, por su finalidad o contenido, se consideren impertinentes o inútiles.
Han pasado ya más de dos décadas desde que entró en vigor la Ley de Enjuiciamiento Civil, en el año 2001. Aun así, sigue siendo una norma mucho más moderna que la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que data de 1882. La Ley de Enjuiciamiento Civil ha reforzado especialmente dos principios fundamentales: la inmediación y la oralidad. Esto ha exigido una mayor rigurosidad en los dictámenes periciales y ha otorgado mayor protagonismo a los informes aportados por las partes.
La misión del perito en un juicio consiste en exponer una serie de estudios y conclusiones basados en su experiencia, conocimientos técnicos y especialización en la materia que se le ha encargado analizar. Su objetivo es convencer con argumentos sólidos, rigurosos y siempre veraces a quienes participan en el procedimiento. En definitiva, debe actuar con absoluta profesionalidad.
En este contexto, la oratoria juega un papel fundamental. El perito debe ser también un buen comunicador: educado, moderado, pausado en sus explicaciones, pero al mismo tiempo firme y convincente. Más que limitarse a informar, el perito debe saber comunicar. Si durante su intervención detecta que ha formulado una afirmación equivocada, lo correcto es reconocer el error y corregirlo inmediatamente. Esa honestidad genera confianza y mejora la comunicación con el tribunal.
También conviene tener en cuenta que no todos los peritos disponen de la misma información para elaborar su dictamen. El perito designado judicialmente suele tener acceso a mayor documentación relacionada con el procedimiento, mientras que el perito de parte puede encontrar ciertas limitaciones en el acceso al conjunto de las actuaciones. Por ello, al primero suele exigírsele un mayor grado de exhaustividad y rigor en su informe, fruto de la confianza depositada en él por todas las partes.
Llegados a este punto, es importante recordar que el perito no es el juez. Su función no es dictar sentencia, sino aportar un dictamen técnico que ayude al juez a tomar una decisión más informada. El informe pericial no es determinante, pero sí puede resultar altamente revelador para el tribunal.
El perito posee conocimientos especializados sobre una materia concreta, aunque no necesariamente sobre el conjunto del proceso judicial. Por ello, además de dominar su campo técnico, debe saber transmitir sus conclusiones con claridad. La formación continua y el esfuerzo por ampliar conocimientos teóricos y prácticos contribuirán a que el perito sea un profesional mejor preparado y a que sus argumentos resulten más sólidos y difíciles de rebatir.
En teoría, la intervención del perito en el proceso debería finalizar, como norma general, con la entrega de su dictamen pericial, que se presupone completo, razonado y claro. En ese escenario ideal, no sería necesaria ninguna aclaración posterior. Sin embargo, en la práctica actual observamos que los peritos son llamados con frecuencia a juicio para defender su informe.
Quizá sería más razonable que esta comparecencia se produjera únicamente en aquellas ocasiones en las que sea necesario aclarar algún aspecto concreto del informe o responder a preguntas que no hayan quedado resueltas en el mismo.
He conocido a cientos de peritos a lo largo de mi trayectoria profesional, pero si tuviera que destacar a uno por su profesionalidad, intuición, especialización e implicación, ese sería mi compañero Alberto Pagán, el mejor perito en documentoscopia que conozco en toda España.
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