El vacío de todos los nombres
«¡Horror, horror!», Hélène Berr cerró con esta cita de Macbeth el diario que había comenzado a escribir cuando los alemanes ocuparon Francia. De repente los judíos franceses, ahora ciudadanos de inferior categoría, eran arrestados por la policía de su propio país. Los hijos, en muchas ocasiones unos pequeñuelos, eran igualmente detenidos. Berr estaba destinada a morir. Mientras pudo, quiso dejar testimonio de cuanto veía para ayudar a la posterior comprensión de aquellos tiempos de tinieblas. Siempre pensó que la detención de niños pequeños sería una dolorosa excepción provocada por el odio racial y que tales abominaciones no se repetirían jamás en la historia de mundo. Hoy sabemos cuánto se equivocaba.
Ético de Istria, o quienquiera que se oculte bajo ese nombre, describe en su Cosmografía, los misteriosos bancos de arena de Chollice. Los exploradores que excavan allí, cuando vean que la tierra se vuelve púrpura, hallarán los mejores corales; y si encuentran un arbusto de romero en llamas, como la zarza ardiendo de Moisés, darán con depósitos de metales en cantidades extraordinarias. A orillas del Erimanto —afirma— hay asbesto, que al ser tocado por........
