La hora perránea
Rebeca Pérez, alcaldesa en funciones de Murcia. / Juan Carlos Caval
Ya toca que algún regidor de la Gran Murcia sea capaz de aprobar la ancestral asignatura pendiente del municipio: las pedanías. Basta un paseo de un par de kilómetros para ver las enormes diferencias entre el centro y la inmensa mayoría de zonas de cualquiera de las 55 pedanías. Cierto es que los 28 barrios tampoco ofrecen, ni mucho menos, un panorama uniforme de calidad de vida, por resumirlo todo en su solo concepto. Pero es que lo de las pedanías es un sindiós infumable.
Se ha convertido en tradición profundamente arraigada —como las que se inventan cada mes y al cabo de dos años son «de toda la vida»— el maltrato de los ediles en general a sus conciudadanos pedáneos, que son discriminados; no por razones de raza, sexo ni religión, sino por el lugar donde habitan.
Lo que no deja de ser chocante: apenas el 40% de la población vive en el centro mientras el resto lo hace en pedanías. Dirán algunos de los primeros que no son tan privilegiados pues sus calles están sucias; el tráfico........
