Torrente sin vergüenza
El actor Santiago Segura / EFE
Me pregunto qué ha llevado a un millón de personas a lanzarse como locos a ver la película de Torrente. Yo no lo he hecho. Es más, no he visto ninguna de las entregas de la saga, algo sobre lo que solía sentirme orgulloso. Ahora ya no sé muy bien por qué. No le veía la gracia al humor mugriento de un policía que se definía como español, fascista, machista, racista, zafio y del Atleti. Torrente nació como una caricatura de lo peor que en su momento funcionaba porque parecía ajena, un esperpento destinado a provocar risa desde la distancia. Era el retrato deformado de una España cutre que uno prefería reconocer como marginal, incluso en vías de extinción. La España que no leía libros, que no iba al teatro, cuyo principal entretenimiento cada domingo era ir al fútbol a desgañitarse contra el........
