'I love you from the moon'
Foto capturada por la tripulación de Artemis 2 durante su viaje alrededor del lado oculto de la luna. / NASA
Ha llegado el calor, he quitado el nórdico de la cama; hacer el cambio de ropa del armario me da una pereza infinita. He bajado al mar a leer y a inaugurar la temporada de baño. Compré claveles hace una semana y están preciosos en el jarrón del salón. He llenado la nevera de fruta y verdura; comienza la temporada de gazpacho y leer en la terraza. Tras dos semanas de música de Semana Santa y charangas en mi calle, el silencio que envuelve la ciudad me da paz. El sol que entra por las ventanas de casa es arrebatador, aunque si en estas fechas estamos así, ¿qué será de nosotros en junio?
Me he hecho fan del papa León XIV: "El mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos". Menos mal que uno de ellos ha caído: Hungría ha votado. Orbán, cierra al salir. La ultraderecha se tambalea, o eso quiero pensar; en nuestro país vive una crisis institucional e interna. Esta semana no daba crédito al ver a un diputado de Vox en la Cámara Baja encararse con el vicepresidente del Congreso. Una imagen nunca vista antes y retrata en qué momento nos encontramos. Su único objetivo: la bronca, la provocación, agitar el avispero. La falta de respeto a las instituciones es total; el pésimo ejemplo que dan sus señorías a la ciudadanía es de gran irresponsabilidad. Y por si fuera poco, el Parlamento Autonómico de la Región de Murcia, de nuevo, en el foco. Un diputado de Vox en la tribuna decía: "Tenemos el deber de combatir incluso con violencia la aberración moral del aborto y la eutanasia". Y nosotros, la ciudadanía, tenemos el deber de combatir con la palabra estos discursos. A ratos pierdo la esperanza y creo que está todo perdido, que vamos a peor y que no hay solución. Es insoportable el ruido político; no sé la cantidad de veces que lo he escrito en esta columna.
Menos mal que aún hay cosas que me salvan o me reconcilian con el mundo; esta vez ha sido la declaración de amor más bonita que he visto en los últimos tiempos, "I love you from the moon", uno de los astronautas del Artemis II, Victor Glover, mandaba este mensaje a su esposa desde la cara oculta de la luna, donde se nos ve insignificantes, a 406.778 km de la Tierra. A veces querría estar así de lejos, donde no se escucha el ruido de la vida, ni el de la clase política. Que te digan "Te quiero" desde la luna; después de ese "Te quiero", ¿qué nos queda? Quizás la respuesta sea aprender a mirar la Tierra como la mira Glover. La paradoja es dolorosa. Mientras unos seres humanos están ahí arriba, desafiando las leyes de la física en medio de la oscuridad absoluta, aquí abajo seguimos enredados en la violencia verbal y las luchas ideológicas. Quizás la solución sea esa: alejarnos mentalmente del ruido, subirnos metafóricamente al Artemis II y mirar hacia abajo. Desde allí, el diputado que grita se vuelve mudo, y el silencio de la ciudad, ese que ahora me da paz, se vuelve absoluto.
Al final del día, lo que queda no es el acta de una sesión parlamentaria bochornosa, sino la luz que entra por la ventana de casa y la certeza de que, a pesar de todo, hay personas que aún saben decir cosas hermosas en medio de la nada. Mañana volverá el ruido, seguro. Los tiranos seguirán intentando agitar el avispero y la crispación estará instalada por todas partes. Pero hoy no. Hoy toca seguir leyendo en la terraza y terminar 'El Jardinero y la muerte' de Gospodínov. Toca cocinar las verduras de la nevera, en ese afán por desintoxicarme de las fiestas de primavera. Toca volver a ver' Lost In Translation' y a quedarme a vivir en la escena final. Porque si hay algo más fuerte que la violencia que algunos predican, es la insignificancia de sus gritos frente a un "Te quiero" desde la luna. Hoy me quedo aquí, con mi silencio, esperando que junio y el calor nos pillen confesados, pero al menos, con la ropa de verano en el armario.
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