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Todos los fuegos, el fuego

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24.03.2026

Una refinería de petróleo arde en Irak / / AFP / SAFIN HAMID

Lecciones en la oscuridad tituló Werner Herzog su inolvidable documental sobre el incendio de los pozos de petróleo que el ejército iraquí fue dejando a su paso en su retirada de Kuwait, en lo que se llamó la primera guerra del Golfo. Unas lecciones de las que nadie ha aprendido algo. Aquel apocalipsis que exhibía en la Tierra el paisaje de Marte, con condiciones medioambientales inhóspitas para la especie humana vuelve a reproducirse en otros lugares de la zona en una retransmisión permanente a la que asistimos en vivo y en directo durante las horas del almuerzo o de la cena en nuestras cómodas moradas.

Esta guerra es indubitadamente por el dominio del petróleo y el gas, cuyos yacimientos e infraestructuras de producción están siendo bombardeados, visto que no es suficiente con matar a dirigentes y a miles de ‘víctimas colaterales’ para doblegar al régimen iraní, con el fin de crear el caos, el desabastecimiento interior y las fuentes de activación de la industria militar atacada. Así, aparece la paradoja: se destruye lo que se ansía conquistar, como si los buscadores de oro del Oeste americano hubieran dinamitado las minas.

Un mundo que funciona por el petróleo destruye su materia prima esencial, con los efectos económicos y sociales que ya se perciben a miles de kilómetros del escenario base de los hechos. Podría entenderse como una ironía en una lucha desesperada a la que bien le vendría el lema «ni para ti ni para mí». Todo tiende a que vayamos entendiendo la frase de Einstein: «No sé cómo será la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta será con palos y piedras». Mientras tanto, asistimos a una partida de videojuego en la que el agresor inicial se expresa con un lenguaje propio de los aficionados a ese tipo de entretenimientos, con la diferencia de que nada es virtual.

Ver arder instalaciones petrolíferas o gasísticas proyecta una metáfora sobre el tiempo en que vivimos, dependiente de lo que queman esas gigantescas hogueras en un proceso de autodestrucción que, si no fuera por las consecuencias humanitarias, nos vendría bien empleado al haber construido un sistema económico con bases tan frágiles. Las lecciones de Herzog se las llevó el fuego.


© La Opinión de Murcia