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Rebeca y los lobos

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Rebeca Pérez, alcaldesa de Murcia / Juan Carlos Caval

A renglón seguido de convertirse en alcaldesa en funciones tras el fallecimiento de José Ballesta, Rebeca Pérez comentó a su ya jefe de gabinete, Miguel Ángel Pérez: «Estaré un año en el cargo, pero no tengo claro que me vaya a presentar a las elecciones en 2027». Al oyente de la confidencia le sobraron segundos para ir a contárselo al súperconcejal José Guillén, a quien preferentemente reporta: «No soy la mano derecha de Pepe; me considero su cuarto hijo», asegura el de gabinete. Tal vez por esto ha sido renombrado dos veces para el cargo en menos de quince días: la primera, inmediatamente después del fallecimiento de Ballesta, junto a todo el personal eventual del Ayuntamiento vinculado contractualmente al alcalde para asegurar su continuidad sin interrupción, y la segunda, en el decreto de la alcaldesa en que modificaba la estructura de su Gobierno mediante el reparto de las competencias que hasta entonces le correspondían a ella. En ese doble nombramiento se percibe la mano de Guillén, decidido a reforzar la figura del jefe de gabinete como miembro de núcleo duro que él presume de capitanear.

«Rebeca dice que no seguirá», le trasladó de inmediato Pérez a su mentor. En realidad, lo que la alcaldesa le había confesado es que tenía dudas de hacerlo. Y ahí se montó la mundial. Guillén era consciente de que Rebeca era la sucesora natural, no solo por su condición de vicealcaldesa, un título formal, pero que en Ballesta constituía una señal, sino porque éste, sin haberlo expresado nunca en público, lo había comunicado a su entorno familiar. A la propia Rebeca le había lanzado un guiño cuando le comunicó el resultado de una encuesta encargada por el PP sobre posibles candidatos para 2027, en la que Ballesta obtenía un 6,1 de aceptación y Rebeca un 5,9. «Así que ya sabes», le dijo.

En una conversación que mantuve con Guillén por aquellos días creí percibir en el fondo de algunas de sus expresiones un cierto resquemor que suele seguir a las decisiones ‘paternas’ que unos hijos consideran discriminatorias respecto a otros: «Si así lo ha decidido el jefe...». La impresión que transmitía implícitamente era la de que, habiendo sido el escudero de Ballesta, podría haber algo de injusticia en que no fuera su heredero. Pero inmediatamente se reponía para afirmar que «hay que convencerla para que siga», «hay que apoyarla», «tenemos que ayudarla», etc.

El fantasma de los camaristas

Lo curioso es que, de pronto, del entorno de Guillén empezaron a surgir alarmas sobre «el regreso de los camaristas» o «el oportunismo de los intrusos». Mala hierba que podría colarse en la Glorieta en 2027 si se olían que Rebeca dejaba el hueco libre. Los camaristas son, o eso creíamos por boca del propio Guillén y otros, una especie extinguida: los partidarios del exalcalde Miguel Ángel Cámara se pasaron en gran parte a Vox, donde fueron usados a modo de clínex, y con los ‘intrusos’, gente de fuera del actual estatus municipal (como Ballesta en su día), parecen aludir al consejero Luis Alberto Marín, supuesto postulante, sobre quien también........

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